Durante años, en conversaciones con desarrolladores industriales, directores de planta y empresas manufactureras, he escuchado la misma frustración repetirse una y otra vez: "la obra iba bien… hasta que dejó de avanzar". Y casi siempre, cuando se analiza el origen real del problema, la causa no fue técnica. Fue financiera.
¿En qué momento perdí el control de este proyecto? Esa es la pregunta que se hace todo director después de un retraso. No al inicio, cuando la constructora le presentó el programa de obra con semanas de holgura y un discurso impecable. Sino semanas o meses después, cuando ya es tarde para corregir sin consecuencias.
